
Sostengo que se presenta como grandes dosis efímeras de intensidad.
Es sin dudas, un experimento universal. Recurrir a la historia me sirve de chivo expiatorio.
Puedo empezar por Cristo, avanzar hacia Juana de Arco, observar a Coco Channel y atemorizarme con Videla, entre otros tanto pasionales.
Todos han sido víctimas de la pasión. Y lo afirmo porque Cristo lo fue en su lucha por la religión así como Juana en sus campañas.
Channel en su estilismo vertió pasión, la misma que Videla en su morbosidad por hacer de cada ¨imperfecto¨, un desaparecido.
La pasión construye la lujuria.
Se enamora y le hace el amor a la picardía. La abandona y la cornudea con el pecado.
Pienso que es la afición que despierta en mí al lobo escondido.
Ese salvajismo que genera las ganas de romper reglas y degenerarme en el cuerpo masculino. La misma que hace jugármela de lleno en esas anatomías y salir perdiendo con el corazón a trizas.
La describo como el retrato de la morbosidad, la perversidad y la vehemencia.
Es volátil, invisible pero jamás desapercibida.
Es un dolor con boleteros de agudeza y que, lleva al asesinato de la paciencia.
La pasión educa a la luna y me coloca en el celo interminable.
Al cerrar los ojos, ella se viste de sueño e irrumpe en el sueño.
Endurece mi cuerpo, enciende el deseo y cosquillea la inocencia.
Yo sé que estoy pecando pero quien nunca ha sido pasional, ¡qué tire la primera piedra!, porque ¿quién puede resistirse a ella?


































































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